Tú formaste mis entrañas; tú me hiciste en el vientre de mi madre. Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien.
Salmo 139:13-14
Nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte y sacó a luz la vida…
2 Timoteo 1:10
La vida es un misterio profundo y apasionante. Cada recién nacido tiene rasgos únicos y maravillosos. Increíbles cambios se producen entre la concepción y el nacimiento. El óvulo fecundado se divide para formar millares y millares de células. Mas el niño que nacerá no sólo estará constituido por millares de células, sino que será un ser viviente que posee la vida como un todo; será un ser único. Otras personas pueden llevar el mismo nombre, pero la vida del niño que nace es única.
No sólo es un ser viviente, sino una persona. El cuerpo de una persona tiene mucha importancia, pero lo que verdaderamente la caracteriza es su reflexión, su espíritu, su responsabilidad. Cada ser humano posee una mente y un alma; la parte inmaterial de nuestro ser que para cada uno tiene más valor que el mundo entero (Mateo 16:26). Jesús nos dice que podemos perder esa alma. Una vida que practica el mal es una vida perdida, en la tierra y por la eternidad ante Dios. Perdemos nuestra vida si rehusamos creer en Dios y escogemos vivir sin él. “Perder” su alma no quiere decir que sea destruida, sino que está perdida por toda la eternidad; es decir, alejada de Dios. Nuestra alma puede ser salva si aceptamos a Jesús, muerto por nuestras faltas y luego resucitado. Dios nos creó para conocerlo y vivir felices por la eternidad junto a él.
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sábado, 9 de agosto de 2008
miércoles, 28 de mayo de 2008
La Comunion
Nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo.
1 Juan 1:3
La comunión
Existe una maravillosa comunión de amor divino entre Dios el Padre, Jesucristo su Hijo y aquellos que creen en Dios, es decir, los hijos de Dios.La Biblia describe cada una de esas preciosas relaciones:1) El Padre ama al Hijo: “El Padre ama al Hijo, y todas las cosas ha entregado en su mano” (Juan 3:35).2) El Hijo ama al Padre: “Para que el mundo conozca que amo al Padre, y como el Padre me mandó, así hago” (Juan 14:31).3) El Padre ama a sus hijos: “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios” (1 Juan 3:1).4) Los hijos aman al Padre: “Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero” (1 Juan 4:19).5) El Hijo ama a los suyos: “Andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros” (Efesios 5:2).6) Los redimidos aman al Hijo: “El Padre mismo os ama, porque vosotros me habéis amado, y habéis creído que yo salí de Dios” (Juan 16:27).Admirar y gozar de esas relaciones del amor motivarán a cada sincero hijo de Dios a adorar al Padre y al Hijo: “Los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Juan 4:23-24).
1 Juan 1:3
La comunión
Existe una maravillosa comunión de amor divino entre Dios el Padre, Jesucristo su Hijo y aquellos que creen en Dios, es decir, los hijos de Dios.La Biblia describe cada una de esas preciosas relaciones:1) El Padre ama al Hijo: “El Padre ama al Hijo, y todas las cosas ha entregado en su mano” (Juan 3:35).2) El Hijo ama al Padre: “Para que el mundo conozca que amo al Padre, y como el Padre me mandó, así hago” (Juan 14:31).3) El Padre ama a sus hijos: “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios” (1 Juan 3:1).4) Los hijos aman al Padre: “Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero” (1 Juan 4:19).5) El Hijo ama a los suyos: “Andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros” (Efesios 5:2).6) Los redimidos aman al Hijo: “El Padre mismo os ama, porque vosotros me habéis amado, y habéis creído que yo salí de Dios” (Juan 16:27).Admirar y gozar de esas relaciones del amor motivarán a cada sincero hijo de Dios a adorar al Padre y al Hijo: “Los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Juan 4:23-24).
Dios nos habla
Truena el Dios de gloria… sobre las muchas aguas.
Salmo 29:3
Habló, e hizo levantar un viento tempestuoso, que encrespa sus ondas… Entonces claman al Señor en su angustia, y los libra de sus aflicciones… así los guía al puerto que deseaban.
Salmo 107:25-30
Dios nos habla
Durante una conferencia, un especialista en la historia de los grandes exploradores presentó una película realizada para reconstituir el viaje de Magallanes, quien descubrió en 1520 el paso entre el extremo sur de América y la Tierra del Fuego. Los marineros que participaron en esa reconstitución utilizaron una replica de la carabela de Magallanes.Cuando este barco llegó al célebre estrecho, los viajeros quedaron estupefactos ante el grandioso espectáculo de las agitadas olas estrellándose contra las rocas con un terrorífico estrépito.El conferenciante comentó: –Cuando un esquife tan frágil pasa en semejante lugar y está rodeado de tales fenómenos naturales, en ese momento todos los hombres creen en Dios.Esta reflexión no sorprende, porque ¿qué puede hacer un hombre frente a los elementos desencadenados? Comprende su infinita pequeñez y la majestad del Creador. Pero, ¿saca de ello toda la enseñanza que ofrece? ¿Es normal clamar a Dios sólo en el momento del peligro, para olvidarse de él en seguida y llamarle únicamente en las desgracias y en las situaciones sin salida? ¿Qué pensar de la actitud de un hombre que ha sido librado de una muerte segura, mediante la valentía de un salvador, y que luego pasa al lado de él sin saludarlo?
Salmo 29:3
Habló, e hizo levantar un viento tempestuoso, que encrespa sus ondas… Entonces claman al Señor en su angustia, y los libra de sus aflicciones… así los guía al puerto que deseaban.
Salmo 107:25-30
Dios nos habla
Durante una conferencia, un especialista en la historia de los grandes exploradores presentó una película realizada para reconstituir el viaje de Magallanes, quien descubrió en 1520 el paso entre el extremo sur de América y la Tierra del Fuego. Los marineros que participaron en esa reconstitución utilizaron una replica de la carabela de Magallanes.Cuando este barco llegó al célebre estrecho, los viajeros quedaron estupefactos ante el grandioso espectáculo de las agitadas olas estrellándose contra las rocas con un terrorífico estrépito.El conferenciante comentó: –Cuando un esquife tan frágil pasa en semejante lugar y está rodeado de tales fenómenos naturales, en ese momento todos los hombres creen en Dios.Esta reflexión no sorprende, porque ¿qué puede hacer un hombre frente a los elementos desencadenados? Comprende su infinita pequeñez y la majestad del Creador. Pero, ¿saca de ello toda la enseñanza que ofrece? ¿Es normal clamar a Dios sólo en el momento del peligro, para olvidarse de él en seguida y llamarle únicamente en las desgracias y en las situaciones sin salida? ¿Qué pensar de la actitud de un hombre que ha sido librado de una muerte segura, mediante la valentía de un salvador, y que luego pasa al lado de él sin saludarlo?
Maria
Habéis visto el fin del Señor, que el Señor es muy misericordioso y compasivo.
Santiago 5:11
María, la madre de Jesús
Cuando durante la celebración de una boda el vino estaba por acabarse (Juan 2:1-11), la madre de Jesús pidió a su hijo que se ocupara de ese problema. Él se limitó a contestarle: “¿Qué tienes conmigo, mujer? Aún no ha venido mi hora”. Como Hijo de Dios se negaba a aceptar una propuesta –aunque fuera de su madre–, excepto de su Dios y Padre, porque vivía en completa dependencia de él. Por eso pudo testificar: “El que me envió, conmigo está; no me ha dejado solo el Padre, porque yo hago siempre lo que le agrada” (Juan 8:29).Pero cuando vino su hora, como preludio a su servicio oficial, mediante un milagro transformó en vino unos cien litros de agua.Al final de su vida, cuando llegó la hora de glorificar a Dios mediante su muerte expiatoria en la cruz del Gólgota, miró a su madre y le dijo, al ver también a su discípulo Juan: “Mujer, he ahí tu hijo. Después dijo a Juan: “He ahí tu madre” (Juan 19:26).En el día de su muerte Jesús encomendó su madre al cuidado de su discípulo. Mientras soportaba los terribles dolores de la crucifixión, pensaba en su querida madre, con delicada atención por los sentimientos maternales. “Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa” (Juan 19:27). ¡Cuán digno de alabanza es nuestro Señor!@poème:Tu camino solitario por donde fuiste a la cruz,De todos desconocido sea nuestro ¡oh Jesús!En tu senda Tú esparciste gozo, paz y caridad,Y tu corazón abriste para nuestra humanidad.
Santiago 5:11
María, la madre de Jesús
Cuando durante la celebración de una boda el vino estaba por acabarse (Juan 2:1-11), la madre de Jesús pidió a su hijo que se ocupara de ese problema. Él se limitó a contestarle: “¿Qué tienes conmigo, mujer? Aún no ha venido mi hora”. Como Hijo de Dios se negaba a aceptar una propuesta –aunque fuera de su madre–, excepto de su Dios y Padre, porque vivía en completa dependencia de él. Por eso pudo testificar: “El que me envió, conmigo está; no me ha dejado solo el Padre, porque yo hago siempre lo que le agrada” (Juan 8:29).Pero cuando vino su hora, como preludio a su servicio oficial, mediante un milagro transformó en vino unos cien litros de agua.Al final de su vida, cuando llegó la hora de glorificar a Dios mediante su muerte expiatoria en la cruz del Gólgota, miró a su madre y le dijo, al ver también a su discípulo Juan: “Mujer, he ahí tu hijo. Después dijo a Juan: “He ahí tu madre” (Juan 19:26).En el día de su muerte Jesús encomendó su madre al cuidado de su discípulo. Mientras soportaba los terribles dolores de la crucifixión, pensaba en su querida madre, con delicada atención por los sentimientos maternales. “Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa” (Juan 19:27). ¡Cuán digno de alabanza es nuestro Señor!@poème:Tu camino solitario por donde fuiste a la cruz,De todos desconocido sea nuestro ¡oh Jesús!En tu senda Tú esparciste gozo, paz y caridad,Y tu corazón abriste para nuestra humanidad.
biblia
Cuando recibisteis la palabra de Dios que oísteis de nosotros, la recibisteis no como palabra de hombres, sino según es en verdad, la palabra de Dios, la cual actúa en vosotros los creyentes.
1 Tesalonicenses 2:13
Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad.
Juan 17:17
La Biblia recortada
Se cuenta que un teólogo, elocuente predicador, enseñaba la Biblia desde hacía unos diez años, cuando uno de sus parroquianos vino a verlo y le dijo: –Querido señor, ¡he aquí su Biblia! Entonces le entregó un libro bien encuadernado, pero cuyas páginas habían sido cortadas y recortadas en todos los sentidos:–¡Mi Biblia! ¿Qué quiere decir usted?–Sí, es su Biblia, afirmó el hombre. Hace mucho que escucho atentamente sus sermones. Cada vez que usted expresó dudas acerca de un acontecimiento o una enseñanza, recorté los versículos de que se trataba. ¡He aquí lo que queda de ella!A veces, ¿no es lo mismo que hago con mi propia Biblia? ¿La recibí y la creí enteramente, página tras página, línea tras línea? ¿Es ella para mí la Palabra de Dios? ¿Tiene ella toda autoridad en mi vida?, ¿o tengo una actitud desconfiada e incrédula acerca de ciertas cosas que Dios me dice? Sin embargo, toda la Biblia es la palabra de Dios, y esta Palabra es la verdad: milagros, profecías, promesas, relatos… Desde Génesis hasta Apocalipsis, toda ella es verdadera. Su punto central es la muerte expiatoria de Jesucristo, el Hijo de Dios, su resurrección y su ascensión a la gloria. De esa obra depende mi salvación eterna. Si la menosprecio, tendré que sufrir las consecuencias, es decir, un castigo eterno.
1 Tesalonicenses 2:13
Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad.
Juan 17:17
La Biblia recortada
Se cuenta que un teólogo, elocuente predicador, enseñaba la Biblia desde hacía unos diez años, cuando uno de sus parroquianos vino a verlo y le dijo: –Querido señor, ¡he aquí su Biblia! Entonces le entregó un libro bien encuadernado, pero cuyas páginas habían sido cortadas y recortadas en todos los sentidos:–¡Mi Biblia! ¿Qué quiere decir usted?–Sí, es su Biblia, afirmó el hombre. Hace mucho que escucho atentamente sus sermones. Cada vez que usted expresó dudas acerca de un acontecimiento o una enseñanza, recorté los versículos de que se trataba. ¡He aquí lo que queda de ella!A veces, ¿no es lo mismo que hago con mi propia Biblia? ¿La recibí y la creí enteramente, página tras página, línea tras línea? ¿Es ella para mí la Palabra de Dios? ¿Tiene ella toda autoridad en mi vida?, ¿o tengo una actitud desconfiada e incrédula acerca de ciertas cosas que Dios me dice? Sin embargo, toda la Biblia es la palabra de Dios, y esta Palabra es la verdad: milagros, profecías, promesas, relatos… Desde Génesis hasta Apocalipsis, toda ella es verdadera. Su punto central es la muerte expiatoria de Jesucristo, el Hijo de Dios, su resurrección y su ascensión a la gloria. De esa obra depende mi salvación eterna. Si la menosprecio, tendré que sufrir las consecuencias, es decir, un castigo eterno.
la oracion
Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.
Filipenses 4:6-7
Un arma al alcance de todos: la oración
En Francia, durante la Segunda Guerra Mundial, en una aldea donde se escondían hombres de la resistencia, los tres hijos de una familia cristiana habían sido apresados en una redada. Conducidos a la cárcel, interrogados y maltratados, fueron encerrados en la misma celda. Torturados por el hambre, se arrodillaron y suplicaron al Señor que interviniera a su favor. Apenas terminada su oración, el postigo de la puerta se abrió y un pan de gran tamaño cayó a sus pies.Aun después de su liberación, los tres jóvenes nunca supieron de dónde vino este pan, o más bien, cuál fue el «instrumento» del que Dios se sirvió para alimentarlos. En un tiempo de hambruna Dios escogió a unos cuervos para llevar pan y carne al profeta Elías (1 Reyes 17).Cuando todo socorro parece faltarnos, busquemos la liberación junto a Aquel que nos ama y es todopoderoso. Él siempre está dispuesto a escucharnos. La oración es un arma que no se gasta y está al alcance de todos. No nos desalentemos, aun cuando la divina respuesta parezca tardar o se revele contraria a nuestro pedido.Una cristiana decía: –Dios no me dio nada de lo que le pedí, pero todo lo que me dio superó mis esperanzas. Aguardemos con confianza y paciencia las respuestas de Dios. si va a estapagina cada dia puede leer todos estos http://www.labuenasemilla.net/
Filipenses 4:6-7
Un arma al alcance de todos: la oración
En Francia, durante la Segunda Guerra Mundial, en una aldea donde se escondían hombres de la resistencia, los tres hijos de una familia cristiana habían sido apresados en una redada. Conducidos a la cárcel, interrogados y maltratados, fueron encerrados en la misma celda. Torturados por el hambre, se arrodillaron y suplicaron al Señor que interviniera a su favor. Apenas terminada su oración, el postigo de la puerta se abrió y un pan de gran tamaño cayó a sus pies.Aun después de su liberación, los tres jóvenes nunca supieron de dónde vino este pan, o más bien, cuál fue el «instrumento» del que Dios se sirvió para alimentarlos. En un tiempo de hambruna Dios escogió a unos cuervos para llevar pan y carne al profeta Elías (1 Reyes 17).Cuando todo socorro parece faltarnos, busquemos la liberación junto a Aquel que nos ama y es todopoderoso. Él siempre está dispuesto a escucharnos. La oración es un arma que no se gasta y está al alcance de todos. No nos desalentemos, aun cuando la divina respuesta parezca tardar o se revele contraria a nuestro pedido.Una cristiana decía: –Dios no me dio nada de lo que le pedí, pero todo lo que me dio superó mis esperanzas. Aguardemos con confianza y paciencia las respuestas de Dios. si va a estapagina cada dia puede leer todos estos http://www.labuenasemilla.net/
martes, 27 de mayo de 2008
Vida para la familia
Era la reunión del domingo por la noche de un grupo apostólico en una iglesia de la comunidad. Después que cantaron los himnos, el sacerdote de la iglesia se dirigió al grupo y presentó a un orador invitado; se trataba de uno de sus amigos de la infancia, ya entrado en años. Mientras todos lo seguían con la mirada, el anciano ocupó el púlpito y comenzó a contar esta historia:"Un hombre junto con su hijo y un amigo de su hijo estaban navegando en un velero a lo largo de la costa del Pacífico, cuando una tormenta les impidió volver a tierra firme. Las olas se encresparon a tal grado que el padre, a pesar de ser un marinero de experiencia, no pudo mantener a flote la embarcación, y las aguas del océano arrastraron a los tres."Al decir esto, el anciano se detuvo un momento y miró a dos adolescentes que por primera vez desde que comenzó la plática estaban mostrando interés; y siguió narrando:"El padre logró agarrar una soga, pero luego tuvo que tomar la decisión más terrible de su vida: Escoger a cuál de los dos muchachos tirarle el otro extremo de la soga. Tuvo sólo escasos segundos para decidirse. El padre sabía que su hijo era un buen cristiano, y también sabía que el amigo de su hijo no lo era. La agonía de la decisión era mucho mayor que los embates de las olas.""Miró en dirección a su hijo y le gritó: ¡TE QUIERO, HIJO MIO! y le tiró la soga al amigo de su hijo. En el tiempo que le tomó al amigo halar hasta el velero volcado en campana, su hijo desapareció bajo los fuertes oleajes en la oscuridad de la noche. Jamás lograron encontrar su cuerpo."Los dos adolescentes estaban escuchando con suma atención, atentos a las próximas palabras que pronunciara el orador invitado."El padre" -continuó el anciano- "sabía que su hijo pasaría la eternidad con Cristo, y no podía soportar el hecho de que el amigo de su hijo no estuviera preparado para encontrarse con Dios. Por eso sacrificó a su hijo. ¡Cuán grande es el amor de Dios que lo impulsó a hacer lo mismo por nosotros!"Dicho esto, el anciano volvió a sentarse, y hubo un tenso silencio. Pocos minutos después de concluida la reunión, los dos adolescentes se encontraron con el anciano. Uno de ellos le dijo cortésmente:"Esa fue una historia muy bonita, pero a mí me cuesta trabajo creer que ese padre haya sacrificado la vida de su hijo con la ilusión de que el otro muchacho algún día decidiera seguir a Cristo.""Tienes toda la razón", le contestó el anciano mientras miraba su Biblia gastada por el uso. Y mientras sonreía, miró fijamente a los dos jóvenes y les dijo:"Pero esa historia me ayuda a comprender lo difícil que debió haber sido para Dios entregar a su Hijo por mí. A mí también me costaría trabajo creerlo si no fuera porque el amigo de ese hijo era yo." Vida Para La Familia
Publicado por Omar Campos pagina de internet http://vidaparalafamilia.blogspot.com/
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